CRISIS EN EL MEDITERRÁNEO: UNA BOMBA DE TIEMPO EN MANOS DE ITALIA

Maria Grazia Marrulli (2)El tsunami migratorio que desde hace meses golpea las costas italianas, pone en riesgo la estabilidad del gobierno de Matteo Renzi y la cohesión dentro de la Comunidad Europea. Cuando recientemente se celebró el Día Mundial del Refugiado, es oportuno recordar la hecatombe que se vive en el Mediterráneo y sobre todo a las miles de personas que deambulan en busca de una vida más digna, sorteando los espinosos caminos de las barreras políticas y raciales. Según las Naciones Unidas se trata de la más grave emergencia de desplazados ocurrida después de la Segunda Guerra Mundial. Foto ©  Maria Grazia Marrulli.

Por MARINELLYS TREMAMUNNO para GEA PHOTOWORDS

Aquella cerca triple de seis metros de alto con incluso algunas cuchillas en su parte superior, construida por España a finales de la década de los 90’ en torno a las ciudades de Ceuta y Melilla -la única frontera terrestre de Europa en África- era tan sólo una señal de la crisis humanitaria que estaba por venir. Casi dos décadas después, específicamente en el 2013, Italia en lugar de levantar muros para mantener a raya a los inmigrantes Africanos, se activó con una operación militar para rescatar vidas humanas en el Mar Mediterráneo, la tan criticada `Mare Nostrum´. Hoy la crisis ha superado la capacidad de respuesta del gobierno italiano, recibiendo la espalda de Europa y generando nuevas barreras, pero que esta vez amenazan con aislar a Italia del resto del continente.

Tensión en Ventimiglia

Las dramáticas imágenes que nos llegan de Ventimiglia, un pueblo italiano en la frontera con Francia, nos muestran una pequeña parte del caos que se vive en Italia. Desde hace más de 2 semanas centenares de inmigrantes se amontonan en la escollera cercana al límite fronterizo, luego de la decisión del gobierno de François Hollande de cerrar el paso a las personas que intentan trasladarse hacia el norte de Europa, en búsqueda de sus parientes o de un trabajo que les permita una vida más digna.

La prensa italiana estima que en las rocas duermen a la intemperie más de 100 personas. La mayoría carece incluso de agua potable y algunos pocos se protegen con sombrillas y tiendas improvisadas, intentando soportar los más de 30 grados de temperatura del inicio del Verano. Pero entre la escollera de Ponte San Ludovico y la estación de trenes –unos 13 kilómetros de distancia- se calcula que deambulan más de 600 personas y la tendencia es hacia el aumento cada día. Son asistidos únicamente por la caridad de los residentes de la zona y por la Cruz Roja Italiana que ha instalado un centro provisional de atención primaria.

La mayoría son eritreos, etíopes, sudaneses y somalíes que quieren cruzar hacia Francia para reunirse con sus familiares o en busca de un trabajo que les permita tener una vida más digna. No hablan italiano, muy pocos inglés o francés, lo que ha hecho más difícil la atención y por eso la resistencia que opusieron en días pasados cuando la Policía Italiana desalojó a la fuerza a 48 inmigrantes para trasladarlos al centro de la Cruz Roja, en donde tendrían comida y un lugar para dormir. Dos sudaneses terminaron arrestados por resistirse a la autoridad y ahora deberán cumplir ocho meses de prisión.

Y a pesar de las condiciones inclementes de la espera, la fe entre los inmigrantes se mantiene presente. Muchos son de origen Musulmán, entre rezos y con el tradicional ayuno de agua y comida previsto en el Ramadán, esperan pacíficamente a que los ojos de Europa se volteen a mirarlos. El imán Samy Boubakri, líder de una asociación musulmana francesa, se trasladó al lugar desde Niza para mostrar su solidaridad: “Vine a apoyar a estas personas y a organizar la plegaria. Europa no ha hecho nada por ellos. Apelo a que haya una solución. No quieren permanecer aquí. Es poco digno lo que están viviendo”, expresó. Sin duda una bofetada en el Día Mundial del Refugiado.

Italia en emergencia

Lo que parecía un problema aislado en el Mediterráneo, evidentemente ha superado la capacidad de respuesta del gobierno de Matteo Renzi y centenares de personas deambulan en las principales ciudades italianas. Las estaciones de trenes de Ventimiglia, Genova, Milán y Roma se han transformado en refugios improvisados y el riesgo de epidemias crece cada día.

En la ciudad eterna, los alrededores de la estación Tiburtina estuvieron tomados por varios días por los refugiados que habían improvisado un campamento provisional y luego de las protestas de los residentes intervino la policía para desalojar los espacios públicos. En Milán, su alcalde Giuliano Pisapia arremetió contra los periodistas que le preguntaron en días pasados cómo sería atendida la emergencia de los africanos que a diario se acumulan en la estación central.

Es evidente que en Italia se vive una verdadera crisis humanitaria que ya no puede ser contenida únicamente por la solidaridad espontánea de los voluntarios y de los centros de atención primaria que ha instalado la Cruz Roja Italiana. Sin  embargo, “nuestro país continuará a hacer lo que sea necesario para asegurar a los refugiados y a quien pida asilo, un tratamiento respetuoso de los derechos fundamentales y de la dignidad humana”, aseguró el presidente de Italia, Sergio Mattarella, en el marco del Día Internacional del Refugiado.

Maria Grazia Marrulli

Más de 57 mil refugiados llegaron a Italia en 2015. Foto ©  Maria Grazia Marrulli.

Muchos esperan poder trasladarse al norte de Europa en búsqueda de un trabajo digno.

Una bomba de tiempo

Sólo en lo que va del año 2015, el Ministerio del Interior de Italia asegura que se han recibido a más de 57 mil personas a través de las costas del sur, y estiman que el año podría cerrar con la llegada de un total de 200 mil refugiados. El director del Consejo Italiano para los refugiados (CIR), Christopher Hein, explicó que la mayor parte proviene del África Subsahariana, además de Eritrea y Somalia.

Efectivamente, los datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) nos confirman que Italia ha recibido la mayor ola de desplazados, unas 54.660 personas. Luego le siguen Grecia (47.044 personas), España (1.000 personas) y Malta (100 personas). Desde el 1 de enero hasta el 8 de junio del 2015, sería un total de más de 100 mil inmigrantes que han entrado a Europa por las costas mediterráneas. Cifras record que según las Naciones Unidas (ONU) se trata de la más grave emergencia de desplazados ocurrida después de la Segunda Guerra Mundial.

“Mare Nostrum” y su misión humanitaria

A la fecha “Mare Nostrum”, ha sido el único esfuerzo real de rescate de vidas en las aguas del Mediterráneo. Era una operación militar y humanitaria activada por el gobierno italiano luego de la tragedia ocurrida en la isla de Lampedusa el 3 de octubre de 2013; en donde el naufragio de una embarcación líbica, cargada con más de 500 inmigrantes, ocasionó la muerte de 366 personas.

Así durante un poco más de un año, “Mare Nostrum” logró salvar 100.250 almas gracias a 558 intervenciones con un costo para el “Bel paese” de 113 millones de euros (9,5 millones cada mes). Pero, “las vidas salvadas no son todas las vidas que hubiésemos querido salvar”, expresó el Ministro del Interior de Italia, Angelino Alfano. Precisó que a pesar del esfuerzo en las operaciones de rescate, durante el mismo periodo de tiempo “499 personas han muerto, 1.446 están desaparecidos, y 192 no han sido identificados”.

Estas cifras se conocieron durante la rueda de prensa en la que se anunció el fin de “Mare Nostrum” para dar paso a “Tritón”; que desde el 1º de noviembre de 2014, sería la acción europea para la atención de la emergencia en aguas del Mediterráneo. Pero no todo lo que brilla es oro: el objetivo ya no era el salvamento de personas sino el control de las fronteras; y con un costo inicial de apenas 3 millones de euros, menos del tercio de lo que costaba “Mare Nostrum” a Italia. Y aunque recientemente se aprobó la inyección de nuevos recursos económicos, sin duda la ausencia de “Mare Nostrum” se hizo sentir.

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El ministerio de interior italiano prevé la llegada de más de doscientos mil inmigrantes al cierre del 2015.

Foto ©  Maria Grazia Marrulli.

Hecatombe en el Mediterráneo

El pasado mes de abril las autoridades italianas informaron el descubrimiento de un buque que afondó a 85 millas al noreste de las costas líbicas. Los 28 sobrevivientes confirmaron el macabro hallazgo: unas 800 personas murieron por el naufragio de la embarcación que transportaba clandestinos bajo su cubierta, quienes trataban de huir de la guerra y la pobreza en búsqueda del sueño europeo. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) alertó que se podría tratar del escenario del peor crimen de tráfico ilícito de personas en el Mediterráneo. Los ojos del mundo miran de nuevo hacia el canal de Sicilia.

Las nuevas estadísticas confirman que el flujo de inmigrantes crece exponencialmente, pero salta a la vista que el año 2015 se presenta más mortal que el 2014: datos de la OIM confirman que “el año pasado el número de migrantes que perecieron en el Mediterráneo en el período comprendido entre enero y abril fue de 96, se calcula que hasta el 30 de abril de este año en cambio se ahogaron unos 1.770 migrantes”. Al 31 de mayo de 2015 la OIM reporta 1868 muertes; en cambio en el 2014 habían ocurrido 448 muertes en el mismo período. Los números confirmaron la poca efectividad de “Tritón” en la labor humanitaria.

Se alzan las primeras barreras

El conflicto en Ventimiglia, y la consecuente tensión diplomática entre Italia y Francia, es tan sólo una muestra de las barreras que se inician a levantar como resultado de la mala gestión europea de la crisis del Mediterráneo. De una parte, el ministro del interior francés, Bernard Cazeneuve, enfatizó que “Italia debe hacerse cargo de los inmigrantes”; de la otra, tanto la policía y los voluntarios de la Cruz Roja Italiana que operan en el lugar, aseguran que París estaría aprovechando el caos para expulsar hacia Italia inmigrantes que nunca han transitado por territorio italiano.

Incluso medios italianos ha denunciado que en los trenes que traspasan los confines entre Italia y Francia, vienen aplicados controles de acuerdo al color de la piel. Lo confirmó Laurent Laubry, portavoz de la alianza de sindicatos de policía de Francia: “generalmente las personas de piel blanca no vienen de África”. Las fronteras de estos tiempos siguen siendo raciales, entrando en discusión incluso el acuerdo Schengen que permite el libre tránsito de personas en las fronteras internas de algunos países de la Unión Europea y que fue firmado hace 30 años.

Papa Francisco salió también a la escena en las vísperas del Día Mundial del Refugiado, invitando a pedir perdón “por las personas y las instituciones que cierran las puertas a esta gente que busca una familia, que quiere ser custodiada”. Declaraciones que coincidieron con la decisión del Reino Unido de no aceptar las cuotas de redistribución inmigrantes propuestas por Italia; y con el anuncio de Hungría de construir un muro de 175 kilómetros y de cuatro metros de alto para detener a los inmigrantes en los confines con Serbia. Un verdadero anacronismo post muro de Berlín.

Mientras en algunos alzan barreras, Italia insiste en la cooperación y la asistencia humanitaria. El primer ministro italiano Matteo Renzi invitó a los países europeos a abandonar “el miedo a los migrantes” y agregó que “cada vez que un italiano salva una vida estoy más orgulloso de estar al frente de un país que está escribiendo una página de ciudadanía en medio de tanta demagogia. Pero no podemos hacer todo solos”.

Renzi asegura que no se detendrá en su petición de una acción conjunta y coordinada entre todos los países europeos para la atención de la emergencia, pues si bien es cierto que los refugiados merecen una atención digna, también está en riesgo la salud pública, la seguridad y la sana convivencia de los italianos.

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